Minneapolis: ¡viva la resistencia y la organización de la población!

Textos del semanario Lutte Ouvrière - 2 de febrero de 2026
2 de febrero de 2026

Al enviar a su siniestra policía de inmigración, la ICE, a las ciudades gobernadas por demócratas, Trump creía que podría maltratar y deportar a los inmigrantes con total impunidad, y halagar a su base de extrema derecha. Creía que podría enfrentar a los trabajadores entre sí y poner a todo el mundo a raya. No está saliendo como él esperaba, ¡y menos mal! 

Es cierto que las bandas de matones enmascarados y armados hasta los dientes han sembrado el terror, ¡y esto no ha terminado! En Minneapolis, los 3000 policías de la ICE invadieron las calles y multiplicaron las detenciones violentas. Puertas de casas derribadas ilegalmente; cristales de coches rotos; personas tiradas al suelo y maltratadas, incluidas mujeres embarazadas y personas discapacitadas; redada en un instituto; detención de un niño de cinco años... Los cowboys del ICE han multiplicado los abusos.

Mataron a quemarropa a una madre de familia de 37 años, Renee Good, y a un enfermero de la misma edad, Alex Pretti, que intentaban interponerse y proteger a los inmigrantes. Los asesinaron para acabar con cualquier voluntad de resistencia. ¡Pero esta sigue ahí, muy presente!

La resistencia que molesta a Trump y a sus matones racistas no proviene de la justicia ni de las autoridades demócratas. Tampoco proviene de las empresas que no tienen escrúpulos en ponerse a disposición del ICE. Una de las joyas francesas de los servicios informáticos, Capgemini, ha firmado un contrato multimillonario a través de su filial estadounidense para proporcionar la ubicación de los inmigrantes a los matones de Trump.

La resistencia proviene de la propia población, de los habitantes, del vecindario, de mujeres y hombres que podrían seguir con sus vidas cerrando los ojos, pero que no soportan tanta inhumanidad. 

Para desacreditar a Renee Good y Alex Pretti, abatidos por la policía, Trump los califica de «activistas y profesionales de la rebelión» e incluso de «peligrosos terroristas». Es grotesco y las imágenes de estos asesinatos filmados en directo lo demuestran.

La realidad que el multimillonario de la Casa Blanca quiere ocultar es que la solidaridad existe. El racismo, el desprecio y el individualismo craso se reivindican en las altas esferas de la sociedad y marcan la pauta en los platós de televisión. Pero en los barrios populares, donde conviven trabajadores de todos los orígenes, se tejen día a día lazos de vecindad, amistad y solidaridad. Y esos lazos son más fuertes que la propaganda xenófoba.

Las manifestaciones contra el ICE se multiplican en Estados Unidos y cada vez reúnen a más jóvenes. Pero la movilización va más allá de las manifestaciones. Se trata de vecinos que se apoyan mutuamente y se protegen unos a otros, independientemente de su origen y situación, a pesar del miedo. 

En el día a día, los vecinos montan guardia, avisan de la llegada de la policía con silbatos, se interponen, graban las detenciones y se manifiestan frente a los centros de detención. Tranquilizan y reabastecen a quienes se esconden por miedo a ser detenidos y deportados a miles de kilómetros de sus familias. Esto no pone fin a las detenciones de inmigrantes, pero dificulta mucho más las redadas masivas. 

Para nosotros, aquí, es una demostración de lo que pueden hacer hombres y mujeres corrientes con sus propios medios. Sí, frente a la arbitrariedad del Estado, al creciente autoritarismo y a los golpes patronales, hay muchas cosas que están en nuestro poder, ¡siempre y cuando no permanezcamos aislados y nos organicemos!

En la sociedad hay mucha más solidaridad y conciencia de lo que nos quieren hacer creer. 

En Estados Unidos, pero también aquí, muchos trabajadores han entendido que el racismo y los discursos contra los extranjeros y los musulmanes solo tienen un objetivo: dividir y debilitar al mundo laboral en su conjunto. La violencia contra los trabajadores inmigrantes sirve para intimidar a todo el mundo, empezando por aquellos que querrían reivindicar y protestar contra todo tipo de injusticias y contra la explotación. 

Es esta conciencia de que todos somos blanco de ataques y de que debemos reaccionar de forma unida lo que puede protegernos de la evolución reaccionaria de la sociedad. Porque aquí también tenemos, con Retailleau, Le Pen y Bardella, a nuestros propios pequeños Trump.

No esperemos nada de la justicia ni de los dirigentes políticos. Todo depende de nuestra capacidad de actuar.

Así que, en todo el mundo, pero también en nuestras empresas y nuestros barrios populares: ¡viva la solidaridad y el coraje de quienes se resisten al autoritarismo, al racismo y a la explotación!

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 2 de febrero de 2026