La campaña presidencial está por todas partes. Los mítines se multiplican y las declaraciones de unos y otros se suceden. Pero, ¿quién marca la pauta? ¡El Medef, la gran patronal!
Son las ideas patronales las que se repiten una y otra vez en las entrevistas y los debates. «Hay demasiados impuestos y cargas», «Para reducir la deuda, hay que recortar el gasto social», «El sistema de pensiones es insostenible», «Hay que trabajar más»: todas estas afirmaciones se presentan como verdades indiscutibles.
Se hace todo lo posible para convencer a las trabajadoras y los trabajadores de que tendrán que hacer sacrificios, ya que sería imposible tocar a la gran patronal y a los más ricos. Esa es, por supuesto, la política de Macron y del Gobierno, pero también la de la mayoría de los candidatos a las presidenciales. No hay que dejarse llevar por la propaganda: los sacrificios deben recaer en la patronal.
¡Los trabajadores ya hemos pagado demasiado!
¿Quién paga más impuestos proporcionalmente? No son los millonarios, ni los accionistas ni los ricos especuladores, sino aquellos que solo cuentan con su sueldo, su prestación o su pensión para vivir y se ven obligados, incluso cuando ganan muy poco, a pagar el IVA en cada uno de sus gastos.
¿Quién se ve abrumado por los gastos? No son las grandes empresas, ya que los grupos del CAC 40 anuncian un aumento de los beneficios del 40% a pesar de las guerras, la inflación y las rivalidades internacionales. En cambio, los gastos se disparan para las clases populares porque el alquiler, la luz, el gas y el combustible son cada vez más caros, mientras que el sueldo no alcanza.
¿Habría que trabajar más? Pero las grandes empresas no dejan de eliminar puestos de trabajo. Solo en la provincia de Yvelines: la dirección de Stellantis anunció, el pasado mes de abril, el cierre de la última planta de montaje de automóviles de la región parisina, en Poissy, y la semana pasada, la de Renault renunció a la inversión que se suponía que garantizaría el futuro de la planta de Flins, lo que hace temer su cierre.
Al igual que los trabajadores de Stellantis o de Renault, decenas de miles de asalariados tienen que luchar contra las grandes empresas para intentar salvar su empleo, que es su único medio de subsistencia. No, la patronal no es, desde luego, la creadora de empleo que pretende ser, sino la mayor generadora de desempleo.
Los beneficios deben destinarse a los puestos de trabajo, a los salarios y a nuestras condiciones de vida
¿A quién deben destinarse los beneficios de las empresas, si no es a los trabajadores que los han generado con su sudor? Por supuesto que se pueden aumentar los salarios y garantizar un salario mínimo interprofesional (SMIC) de 2.200 € netos, destinando a ello parte de los beneficios.
Si se recorta de los beneficios, también sería posible, en grupos capitalistas como Renault o Stellantis, repartir el trabajo entre todos sus empleados y trabajadores temporales, a quienes se utiliza y se desecha como si fueran pañuelos de papel. Sería posible aliviar los ritmos de trabajo y los horarios. El objetivo no debe ser trabajar más, sino que todos trabajemos.
Los “gastos sociales”, según nos dicen, se habrían vuelto insostenibles. Pero se trata de nuestras pensiones, de nuestro acceso a la sanidad, de las ayudas para la educación de nuestros hijos, de las prestaciones con las que sobrevivimos en caso de discapacidad, enfermedad prolongada o accidente grave... Para la patronal, son gastos, pero para nosotros se trata de nuestros derechos mínimos. Estos derechos no son ningún regalo, sino el fruto de nuestro trabajo, y el progreso consistiría en aumentarlos.
Cuando los beneficios llenan los bolsillos de familias de multimillonarios y herederos como los Peugeot, los Agnelli, los Arnault, los Mulliez o los Saadé, eso no hace más que añadir miles de millones a una montaña de miles de millones. Y, sobre todo, refuerza el poder de la burguesía sobre toda la sociedad.
¡Que dirijan los trabajadores, no los capitalistas!
¿Qué hace esta burguesía con el poder que le confiere su capital? Convierte la economía en un casino, explota y saquea a los países pobres del planeta. Convierte la Tierra en un mundo inhabitable, donde las catástrofes climáticas se suman a las guerras, cuando los medios para hacer progresar a toda la humanidad nunca han sido tan importantes.
No hay que hacerse ilusiones. Es imposible conciliar los intereses de los trabajadores y de la burguesía. Si a la burguesía no le devuelve los golpes que nos inflige y no la enfrenta de verdad, la clase trabajadora no conseguirá que se respete su derecho a una vida digna, y será imposible garantizar un futuro para la humanidad. Es para afirmar esto por lo que vuelvo a presentarme como candidata a las elecciones presidenciales. ¡El bando de los trabajadores debe plantarse y disputar a los capitalistas su derecho a dirigir la sociedad!
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresa del 7 de septiembre de 2026