Catástrofes del verano: los capitalistas son el problema, los trabajadores tienen las soluciones

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 10 de agosto de 2026
10 de agosto de 2026

Apenas se han controlado los gigantescos incendios, una nueva ola de calor se cierne sobre el país, mientras que una sequía histórica amenaza la producción agrícola.

La cosecha de frutas y verduras podría reducirse a la mitad, el rendimiento del maíz se desplomará y los rebaños se quedarán sin forraje. Apenas se han anunciado las escaseces, los precios se disparan en los supermercados.

En toda Europa se están parando centrales nucleares porque las aguas de los ríos están demasiado calientes para refrigerarlas. ¡Incluso el Danubio y el Rin, dos grandes ríos esenciales para el transporte de mercancías por toda Europa, corren el riesgo de secarse!

Las catástrofes que se suceden no solo tienen consecuencias económicas. En el trabajo o en viviendas sobrecalentadas, el calor convierte la vida cotidiana en un infierno. Provoca sufrimiento y mata. En Francia, la ola de calor de junio se cobró la vida de 6 000 personas. En la India, cada semana de ola de calor mata, como mínimo, a 30 000 personas.

Estas catástrofes no son fruto de la fatalidad. Son el resultado del calentamiento global que los científicos llevan advirtiendo desde hace 20 o 30 años. Este calentamiento es provocado por la industria pesada, el transporte, la construcción, la agricultura intensiva y la deforestación a gran escala.

Los capitalistas están destruyendo el planeta

No son las «actividades humanas» en general las que provocan el calentamiento. Se trata de un sistema económico y social basado en la competencia y la propiedad privada, en el que la pequeña minoría que posee el capital está dispuesta a dejar morir a la humanidad para acumular más beneficios.

Así, la producción y la distribución de energía fósil en el mundo están en manos de una decena de grandes empresas, entre ellas la francesa TotalEnergies. Estas multinacionales se disputan los yacimientos y los mercados. Provocan o se aprovechan de las guerras y las crisis económicas para acumular miles de millones sin preocuparse en absoluto por las consecuencias de sus actos.

Tras haber financiado a organizaciones que negaban el calentamiento global, estas empresas invierten ahora en electricidad, energía eólica o solar, al tiempo que siguen perforando y explotando nuevos yacimientos. Porque, como expresaba con cinismo el director general de TotalEnergies en una conferencia del Medef: «Está el punto de vista de los científicos y está la vida real». En otras palabras, los beneficios inmediatos tienen prioridad sobre el planeta.

El Estado solo defiende a los más ricos

Ante el caos provocado por la irresponsabilidad de los capitalistas, no podemos contar con el Estado, sea cual sea la formación política que lo dirija el año que viene.

Por supuesto, en plena crisis, los ministros se afanan. Han multiplicado las promesas a los bomberos y han encargado sistemas de aire acondicionado para los hospitales. Pero, una vez pasado el verano, los pedidos de aviones Canadair se suspenderán una vez más con el pretexto del déficit público y se recortarán drásticamente los servicios públicos.

Nunca se puede contar con el Estado. Incluso para combatir los incendios, organizar el avituallamiento de los bomberos, crear cortafuegos o gestionar la acogida de los damnificados, la población ha tenido que movilizarse para suplir sus deficiencias.

Ante la sequía, los sindicatos agrícolas, FNSEA y Coordinación Rural reclaman un «plan masivo e inmediato». No cabe duda de que los «miles de millones de euros» reclamados beneficiarán a los más grandes, como los productores de cereales de la Beauce o la empresa de lechugas Florette.

Incluso las medidas que supuestamente remedian la sequía, como por ejemplo el derecho a construir los tan controvertidos megaembalses («méga-bassines»), aumentan las desigualdades entre los agricultores sin resolver la falta de agua.

Todas las instancias del Estado, todas las leyes, están concebidas para defender los intereses de los grandes propietarios, los ricos y la gran patronal.

Protegerse del calentamiento global y frenarlo requiere anteponer los intereses de la población y el futuro a los beneficios de unos pocos. Y eso no puede hacerse sin reorganizar de arriba abajo la producción y la distribución de toda la riqueza.

Es vital sustituir la competencia y la anarquía de la organización actual por un inventario de las necesidades y los recursos y por la planificación de la producción a escala planetaria.

Los trabajadores saben dar muestras de iniciativa, competencia y dedicación ante cada crisis. Ahora les queda por encontrar la conciencia y el valor para expropiar a la pequeña minoría de grandes familias capitalistas que controlan la organización de la economía.

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 10 de agosto de 2026