¡La escenificación funciona como un reloj! Justo antes de cumplir 80 años y convertir el jardín de la Casa Blanca en un ring de MMA, Trump triunfante anunció que había llegado a un acuerdo con Irán.
“Autorizo plenamente la reapertura del estrecho de Ormuz sin derechos de paso y, paralelamente, el levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense. Barcos de todo el mundo, poned en marcha los motores. ¡Que el petróleo fluya!”, escribió Donald Trump en su mensaje de la red Truth Social, como si fuera el amo del mundo.
Esta escena es aún más repugnante porque ese petróleo huele más que nunca a sangre de palestinos, libaneses e iraníes.
En realidad, Estados Unidos sufre un duro revés, ya que, precisamente, no es ni el amo indiscutible de Oriente Medio ni el dueño del estrecho de Ormuz.
El régimen iraní ha demostrado su capacidad para resistir e imponer sus propias condiciones. Además, no se sabe cuál es el contenido exacto del protocolo de acuerdo.
Estados Unidos e Irán están de acuerdo, sobre todo, en poner fin a esta guerra que tanto les cuesta a ambos. Y tal vez se pusieron de acuerdo sobre la lista... de sus desacuerdos, ¡aplazados para negociaciones posteriores!
El caso es que la primera potencia mundial no puede someter a los pueblos ni tampoco saquear toda una región a su antojo. Y cabe alegrarnos, pues la dominación del imperialismo sale muy cara a todos los pueblos.
¿Paz y seguridad?
Tras haber respaldado la espiral genocida del Estado de Israel, tras haber incendiado él mismo Oriente Medio al bombardear Irán, Trump promete «paz y seguridad para toda la región». ¡Como si la paz pudiera construirse sobre una montaña de cadáveres y destrucción! ¡Como si pudiera ir de la mano de la colonización de Cisjordania, la ocupación militar y la política de terror del Estado israelí!
Si un acuerdo diera lugar a un verdadero alto el fuego, sin duda supondría un alivio para todos los pueblos de la región, que tanto tienen por hacer para curar sus heridas y reconstruir lo necesario para recuperar una vida digna. Pero el polvorín que es Oriente Medio no ha hecho sino llenarse de más material explosivo.
En el ámbito económico, muchos anuncian el fin de la pesadilla, ya que la ola inflacionista se habría frenado gracias a la reapertura del estrecho de Ormuz. ¡Eso está aún por ver! Los precios del petróleo han bajado, pero las subidas registradas en los últimos meses siguen extendiéndose como un veneno lento por todos los sectores de la economía. La escasez de fertilizantes, sin duda, provocará una grave crisis alimentaria cuyos efectos se sentirán en todas partes, con importantes repercusiones en otros sectores.
La crisis sigue perfilándose en el horizonte
Hay otras bombas de relojería que amenazan a la economía. La deuda pública es una de ellas. Se ha disparado durante esta crisis y seguirá aumentando porque los tipos de interés han subido y porque todos los Estados se están endeudando para comprar misiles, drones, aviones de combate...
Otra amenaza es la locura especulativa en torno a la inteligencia artificial. Al sacar a bolsa su empresa SpaceX, Elon Musk ha atraído decenas de miles de millones de dólares de capital, lo que le ha permitido convertirse en el primer «billonario» de la historia, un multimillonario cuya fortuna supera un millón de millones.
Esto resulta aún más indignante si se tiene en cuenta que ese dinero procede del trabajo de todos nosotros, un trabajo cuyos frutos se los embolsan los grandes financieros. Trabajar más, producir más y generar más beneficios no se traduce en más dinero para los salarios, las pensiones, la sanidad ni para inversiones útiles. Se traduce en más miles de millones engullidos por las especulaciones bursátiles y las fortunas de una minoría muy reducida. Y eso nos acerca a una nueva crisis.
Este es el mundo que nos están preparando los jefes de Estado reunidos en Évian en el marco del G7. Verlos felicitarse mutuamente, satisfechos de sí mismos, y hablar en nombre de los pueblos es insoportable.
Un nido de bandidos del que hay que deshacerse
Reunidos en torno a un Trump que sin duda ofrecerá un gran espectáculo, estos líderes fingirán estar de acuerdo, cuando en realidad están a la greña. Mientras, el mundo se caracteriza por unas relaciones económicas tensas y guerreras, sin otro principio que la ley del más rico y del mejor armado. ¡No pueden poner orden en el caos, pues son sus principales artífices!
Nathalie Arthaud
Editorial de los boletines de empresas del 15 de junio de 2026