Fragmentos de la charla de Nathalie Arthaud del lunes 25 de mayo de 2026 , en la Fiesta de Lutte Ouvrière (Presles - 95).
Los países ricos [...] nos están llevando a una nueva era, la era de la tercera guerra mundial, donde el gasto mundial en armamento asciende a 3 billones de dólares al año, donde los ingenieros trabajan en robots asesinos, donde los trusts petroleros y financieros anuncian sus superganancias y lo celebran con champán sobre montañas de cadáveres.
[…] Pero, ¿qué ganamos nosotros, los trabajadores, matándonos entre nosotros o viendo a nuestros hijos luchar por el control de un estrecho, un oleoducto o un mercado estratégico? Desde la perspectiva de los principales beligerantes, estas guerras son guerras de esclavistas para mantener y fortalecer la esclavitud salarial. Por lo tanto, estas guerras no son nuestras. La única guerra que debemos librar es la guerra de los trabajadores y los explotados contra la clase capitalista. ¡Esta es la única guerra que neutralizará a la banda de explotadores y belicistas que gobiernan el mundo!
[…] ¡La revolución internacional es la única perspectiva para acabar con las guerras! En todas estas guerras, los trabajadores jamás deben aliarse con el Estado burgués. Deben mantener su independencia política y esforzarse por fortalecer su propio campo, el de los trabajadores del mundo entero. Porque las verdaderas fronteras se encuentran entre ricos y pobres, entre explotados y explotadores.
¡En todas partes los trabajadores deben reemplazar la bandera nacional por la bandera de la lucha de clases! No habrá paz duradera sin que nosotros, los trabajadores de todos los países, extendamos la mano por encima de las fronteras que no hemos elegido para derrocar, todos juntos, a la clase capitalista que gobierna el planeta entero!
[...] Tenemos la fuerza del número y sobre todo la fuerza de nuestra utilidad social porque hacemos funcionar la sociedad, porque producimos las riquezas, producimos sus capitales. Lo que nos falta es la conciencia de pertenecer a un solo y mismo campo de combatientes a escala internacional.
Esta conciencia se ve constantemente debilitada por el nacionalismo, el militarismo y la xenofobia omnipresentes en este periodo de guerra. Pero es precisamente esta conciencia la que debemos mantener viva frente a todas las divisiones creadas por la clase capitalista y sus líderes políticos.
Pero, al mismo tiempo que estos líderes se esfuerzan por generar y alimentar el odio nacionalista, racial o religioso, nos unen en un destino común. Todos pagamos, de una manera u otra, sus crisis y sus guerras.
El futuro de la humanidad depende de los trabajadores
Repito, la clase trabajadora debe volver a tomar conciencia de su existencia, de su poder y de sus intereses propios dentro de cada país y a escala internacional. Tiene que tomar conciencia otra vez de que es un campo por sí mismo y que, con una política clara, puede cambiarlo todo.
Debe volver a tomar conciencia de que todo depende de ella, todas las producciones de riqueza, la acumulación del capital e incluso las guerras. Porque sin trabajadores, sin obreros que fabriquen las municiones, sin los técnicos y los ingenieros capaces de poner a punto los drones, sin conductores para transportarlos y soldados extraídos de las clases populares para manejarlos en el frente, no puede haber guerra.
El futuro de la humanidad depende de la capacidad de los trabajadores para oponerse a las decisiones de la burguesía y sus Estados. Para ayudarlos a lograrlo, es necesario construir partidos revolucionarios auténticos en todas partes y unirlos en un movimiento internacional.
Los trabajadores ya han sabido organizar tres internacionales. La Primera y la Segunda Internacionales difundieron entre los trabajadores la conciencia de formar parte de una misma clase obrera, de vivir y luchar por una misma causa.
La Tercera Internacional, fundada después de la revolución rusa y en medio de una ola revolucionaria, se consideraba el partido mundial de la revolución comunista hasta que la burocracia estalinista la liquidó, primero políticamente y luego disolviéndola pura y simplemente. Uno de los peores daños del estalinismo es haber inventado la noción del "socialismo en un solo país" y haber encadenado a los partidos comunistas de los diferentes países y, con ellos, a los millones de trabajadores que confiaban en ellos, tras el nacionalismo, es decir, detrás de su burguesía nacional.
Entonces, hay que reconstruir todo. Reconstruir partidos obreros dignos de ese nombre, partiendo de nuestras empresas, de nuestros barrios, de las redes y reconstruir una internacional. Esta voluntad la compartimos con los camaradas venidos de otros países y que forman con nosotros la Unión comunista internacionalista. Aprovecho para saludar a todos los camaradas llegados del extranjero. A veces han venido de lejos [...].
Reconstruir una internacional
Todos sabemos lo difícil que es la tarea y lo lejos que estamos de ella. Pero [...] incluso si toda la evolución reaccionaria, nacionalista y guerrera nos es contraria y tal vez nos condene durante un período a permanecer muy minoritarios, las cosas también pueden cambiar muy rápidamente. [...] Las crisis y los trastornos actuales cambian las conciencias, politizan a quienes no se sentían afectados por las decisiones tomadas en los palacios presidenciales y las salas de estado mayor y conducirán necesariamente a que cada vez más trabajadores cuestionen el orden social y todos sus secuaces. […]
Lo más importante es que, cuando las masas se suman a la lucha, existan partidos que ayuden a los trabajadores a encabezarla, porque son los únicos que pueden atacar verdaderamente el poder de los capitalistas, es decir, la propiedad de las multinacionales, y arrebatárselo para convertirlo en bienes colectivos al servicio de todos.
Además, hace falta una internacional para extender las movilizaciones, las rebeliones y la revolución a los países vecinos. Declarar la guerra a la burguesía de un país es declarar la guerra a la burguesía del mundo entero, y para ganar se necesita la acción revolucionaria de todos los trabajadores.
Y entonces será posible construir un mundo libre de explotación, de guerras, será posible construir una economía superior al capitalismo, una economía racional y planificada a escala internacional, desprovista de todas las estúpidas fronteras que nos separan.