El caso Epstein: una burguesía tan podrida como su sistema

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Textos del semanario Lutte Ouvrière - 9 de febrero de 2026
9 de febrero de 2026

A menudo nos preguntamos cómo puede nuestra sociedad generar comportamientos tan codiciosos, degradantes y violentos. Pues bien, como demuestra el caso Epstein, ¡el ejemplo viene de arriba!

Jeffrey Epstein amasó una fortuna en el mundo de las finanzas. Mientras que los trabajadores se pasan toda la vida ahorrando para comprarse un piso o una casa, él se enriqueció de forma fulgurante como "gestor de patrimonios". Uno de esos parásitos que ayudan a los más ricos a pagar los menos impuestos posibles y a especular.

Es una profesión muy lucrativa, ya que la burguesía es capaz de pagar muy bien a sus servidores, sobre todo cuando tienen que lidiar con la legalidad. Epstein acumuló así decenas y luego cientos de millones. Suficiente para comprarse un palacete en Manhattan, una villa en Palm Beach, un bonito apartamento en la avenida Foch de París, una isla en el Caribe, un jet privado, ligarse a una rica heredera y hacer muchas otras relaciones.

Porque el mundo burgués es un mundo muy pequeño. A escala planetaria, 3000 familias componen el club de los multimillonarios. Estadounidenses, británicos, franceses, rusos, ucranianos, indios, libaneses, israelíes, saudíes... todos ellos forman una misma clase social. Se conocen, se cruzan en los grandes hoteles y las tiendas de lujo, se reúnen en Courchevel, en la Riviera, en Doha, en los riads de Marruecos o en Davos.

Tienen servilletas con su nombre en los mismos restaurantes de lujo, donde quienes trabajan por un salario no entran para sentarse a la mesa, sino para currar en la cocina, fregar platos y servir mesas. Se pasan la vida haciendo negocios entre ellos, dándose consejos, devolviéndose favores y prestándose un millón por aquí, mil millones por allá.

Trump, Musk, los Clinton, Bill Gates, Ariane de Rothschild, el príncipe Andrés, la princesa heredera de Noruega, científicos y artistas: la red creada por Epstein es reveladora. No todos participaron en las orgías que organizaba, pero por complacencia, si no por complicidad, las silenciaron.

La condena de Epstein por tráfico sexual de menores en 2008 ni siquiera disuadió a esa gente. En Francia, Jack Lang, icono socialista de los años de Mitterrand, y su hija, productora, siguieron frecuentándolo de cerca. En su defensa, Jack Lang juró que solo había visto a un "hombre encantador y apasionado por la cultura". 

Pues parece que el dinero los ha cegado. Porque Epstein era también una caja fuerte con patas, y los Lang, padre e hija, se sirvieron de ella sin reparos.

En estas relaciones de dinero que unen a la clase burguesa, no siempre hay proxenetismo o pedocriminalidad, pero a menudo ocurre. Recordemos el caso Weinstein en Hollywood, las fiestas "bunga-bunga" de Berlusconi, el violador Dominique Strauss-Kahn, el político libanés Rafik Hariri (amigo del presidente francés Chirac), que se enriqueció en el sector inmobiliario construyendo palacios para los príncipes saudíes y, según se dice, también proporcionándoles chicas y whisky...

No es de extrañar. La burguesía está acostumbrada a comprarlo todo: empresas de las que a veces dependen cientos de miles de empleados, periódicos, cadenas de televisión, ministros, jueces e incluso partidos políticos. Entonces, ¿por qué no mujeres, aunque sean menores de edad?

Como escribieron Karl Marx y Friedrich Engels en el Manifiesto Comunista: "La burguesía ha convertido la dignidad personal en un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades, tan duramente conquistadas, por la única y despiadada libertad del comercio".

Por cierto, se ha sabido que en 2009 el ministro laborista británico Mandelson conspiró con Epstein contra un pequeño impuesto que su propio gobierno quería imponer a los banqueros de la City. ¡Los votantes votan y los ricos deciden!
La justicia estadounidense no ha publicado todos los documentos que tiene en su poder y los ha censurado en parte. Prueba de que intentará hasta el final proteger a los más poderosos. Pero no hace falta buscar ninguna conspiración. Sólo se trata de la banalidad de las relaciones entre burgueses: el pacto sin escrúpulos de los ricos para disfrutar de su riqueza y su poder a costa de la población.

En el pasado, las dinastías reales se relacionaban entre sí y se casaban. La aristocracia europea formaba una misma clase social. Muchos nobles procedían de las mismas familias y se daban festines mientras el pueblo se moría de hambre. Algunos acabaron guillotinados en 1793, otros fueron derrocados en 1848 o incluso en 1917-1918 por las revoluciones. ¡Pues bien, eso es lo que se merece esta clase de parásitos que es la gran burguesía!

Nathalie Arthaud

Editorial de los boletines de empresas del 9 de febrero de 2026